En la Hermandad de la Buena Muerte, de Jaén, hay que distinguir dos etapas perfectamente definidas. La primigenia que abarca de 1726 a 1926, en la que existía una Cofradía de Gloria del Santísimo Cristo de la Buena Muerte con fiesta principal en mayo y unos fines perfectamente definidos en sus reglas de 1772 en las que se obligaba con el convento de la Merced a asistir corporativamente al entierro de los religiosos fallecidos y sufragar el de los hermanos, contando con una enorme devoción la imagen titular que representaba a Cristo en el suelo, en el momento de recoger sus vestiduras y que fue destruida por la sinrazón y la furia antieclesial e iconoclasta de 1936.
La cofradía decayó progresivamente hasta que en 1926, quedaban poquísimos cofrades y un exiguo capital en las arcas. Es entonces cuando un grupo de beneméritos giennenses encabezados por D. Manuel Cañones de Quesada, movidos por su recia fe y con la segurísima asistencia de la divina Providencia, deciden hacerse cargo de la Cofradía decidiendo transformarla en Hermandad de Penitencia marcando un antes y un después en la Semana Santa de Jaén.
Comienza así la etapa pasionista de la Buena Muerte, impulsada además por la prohibición de procesionar la antigua imagen ya que su postura, según la tradición oral de los primeros cofrades llamaba a la chanza entre el pueblo al ser denominada como “Señor de los grillos” por su posición “buscando grillos”, actividad muy en boga entre la chiquillería de la época.
Ello, unido al deseo latente entre los reorganizadores de dar un giro copernicano a la Cofradía y de disponer de una nueva imagen y dotar a la Hermandad de una suntuosidad fuera de lo común a tenor de las costumbres del Jaén provinciano del primer tercio del siglo XX, dio como resultado la Hermandad que hoy conocemos, cuyas primeras Reglas fueron aprobadas por el Obispo mártir, D. Manuel Basulto el 2 de abril de 1927.
Tras su afianzamiento, los avatares históricos y la recuperación tras la guerra civil, se viven años de esplendor, especialmente a partir de 1977 bajo la entusiasta, vital y decisiva intervención del Hermano Mayor Honorario don Manuel Cañones Rodríguez que fue revulsivo, no sólo para la Hermandad, sino para la Semana Santa de Jaén, enseñando a muchos cofrades que la seriedad, solemnidad, elegancia y carácter evangélico de la Buena Muerte de Jaén son las señas de identidad que hay que mantener a toda costa como porción al servicio de la Iglesia de Jaén de la que se siente parte comprometida y activa en estrecha, fiel y leal colaboración con el Excmo. Cabildo Catedral del que siempre se ha sentido alentada y apoyada, devolviéndole gratitud, respeto y obediencia y el mejor esfuerzo de sus miembros para colaborar en cuanto sea necesario en ese grandioso hogar común que comparten que es la Santa Iglesia Catedral de Jaén.>
viernes, 2 de abril de 2010
resumen de nuestra historia
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