
El Cristo de la Buena Muerte vio, ayer, cómo los jiennenses lo acogían con cariño, como a un padre que se ha perdido un instante, pero que siempre estuvo allí. El calor de los fieles lo acompañó en todo el recorrido que comenzó y terminó en la Plaza de Santa María, para llegar a la Catedral.
Ninguna cofradía puede soñar con un escenario mejor desde el que salir en procesión que la Catedral de Jaén. Ni siquiera la de la Buena Muerte, que se quiere distinguir por una idea de la estación de penitencia sencilla, pulcra y sobria, escapa a la majestuosidad del renacentismo del templo.
El paso del Cristo de la Buena Muerte fue, precisamente, el primero en ver la luz de un sol sin huella, sin nube alguna, promesa de fe y de devoción intensas que no fueron interrumpidas por la inoportuna lluvia de otros años. A partir de las ocho de la tarde, con algunos minutos de retraso sobre la hora convenida, se abrieron las puertas del templo mayor de la ciudad. Recortado contra el azul de arriba y la imponente mole obra de Vandelvira, el Crucificado avanzó, al paso que le daban sus anderos, con los sones de fondo del himno español que interpretaba la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Pozoblanco. A continuación salieron el Santísimo Cristo Descendido de la Cruz, obra de Víctor de los Ríos, y su Madre, Nuestra Señora de las Angustias, que acoge en su regazo a su Hijo caído, humano, pero que resucitará pronto.
La Plaza de Santa María, atestada de personas deseosas de ver y rezar ante las imágenes, fue sólo el primer paso de un itinerario que les llevó por la calle Campanas, la Plaza de San Francisco, Álamos, la Plaza de los Jardinillos o Roldán y Marín, antes de recalar en Bernabé Soriano, el lugar estipulado para que recibiera la venia de parte de una representación de la junta de gobierno de la Cofradía de la Oración en el Huerto, la señal de que la cofradía tenía todos los permisos oficiales para comenzar la verdadera procesión. Desde allí, sobre las once de la noche, sólo resta una hora hasta el encierro. Un momento que suele retrasarse. “Nadie quiere soltar las imágenes”, comenta un hermano de luz. “Los costaleros hacen varias levantás, columpian los pasos, no quieren desprenderse de ellos”. Eduardo López, vicehermano mayor, comenta los aspectos más destacados de la cofradía: “La majestuosidad de los pasos y la organización, que esperamos que cada año sea mejor”.